Los equipos toman el papel de alquimistas con un encargo claro: crear una fragancia que conquiste a su mercado meta. Para lograrlo escogen ingredientes, cada uno ligado a un estado de ánimo o a un rasgo de carácter.
Hay que trabajar rápido y con cuidado. A los que mejor les va son los que ven el mundo desde los ojos del cliente.
Y no basta con el perfume: en un plazo ajustado también arman la campaña de marketing que lo va a vender.