Santa entra a la sala y le entrega a cada equipo una bota con materiales y una tablet cargada con un menú de retos de temporada: unos mentales, otros creativos y otros para moverse.
Cada reto tiene un costo de entrada y su propio nivel de dificultad. El equipo decide en cuáles meterse, reparte a su gente para jugar varios a la vez y mide el riesgo contra la recompensa.
Conforme corre el reloj, este team building se pone cada vez más navideño. Compiten fuerte, pero también se echan porras.