El grupo se divide en dos bandos, rojos y azules, cada uno con un entrenador que los anima. Van pasando clips de futbol y cada uno tiene su sonido. A cada sección del público le toca hacerlo a tiempo y en armonía con su equipo.
Todo sale del cuerpo y la voz: el silbatazo inicial, el balón contra la bota, el "Ooh" del tiro fallido, el balón en el poste y, claro, el grito de gol.
El partido llega a su punto más alto en la tanda de penales. El equipo ganador celebra con una ola mexicana por toda la sala.