Cada equipo junta sus materiales y revisa las instrucciones. Luego se divide en subequipos: cada uno arma una parte de la marioneta, se ensambla, se le pegan los controles y se decora.
Después viene lo difícil. El títere se levanta con sus controles y el equipo tiene que lograr que haga acciones humanas comunes, como si fuera un solo centro nervioso.
Nadie se queda mirando. Todo el equipo entra en la estrategia, en la construcción y en el manejo, y sin comunicación clara la marioneta no se mueve bien.