Todo empieza con un ejercicio de respiración para sincronizar cuerpo y mente. Siguen estiramientos para soltar el estrés y ganar flexibilidad, cosas que cada quien puede repetir en la oficina.
Luego el monitor enseña kihon, las técnicas básicas del karate: posturas y movimientos de manos sencillos que piden concentración y agilidad. Y cuando todo el grupo los ejecuta al mismo tiempo, se nota.
Se cierra con una meditación breve que baja el ritmo cardiaco y deja a todos listos para la siguiente sesión.