Cada participante recibe instrucciones claras para tomar una serie de selfies: orientación, color de fondo, dónde subirlas y fecha límite para enviarlas. Las fotos se pueden adaptar a los valores y la cultura de la empresa, o servir para conocerse mejor.
Con todas las imágenes se arma un video. Empieza con caras individuales que pasan rápido; luego la cámara se aleja, aparecen más caras y todas juntas forman una sola imagen.
El equipo ve el video por primera vez al mismo tiempo, en una videollamada.