Los instrumentos no vienen de una tienda. Son objetos rescatados de la ciudad y adaptados por profesionales: bombas de presión, teléfonos, armónicas, alarmas de fuego.
Con eso, el equipo improvisa, compone y dirige hasta armar una banda que no suena a ninguna otra. Hay lugar para todas las personalidades, del introvertido al más raro del grupo.
Y el objetivo es el mismo para todos: que de esa chatarra salga música de verdad.