Los instructores le asignan a cada persona uno de dos instrumentos de cuerda: violín o viola. No hace falta experiencia musical previa.
Luego les enseñan lo justo para tocar su parte de una composición personalizada. Cada sección ensaya la suya con los instructores.
Al final, con una pista de acompañamiento, las dos secciones tocan juntas. Una persona sola difícilmente aprendería música clásica tan rápido, pero un equipo coordinado sí lo logra.