Los equipos tienen que mantener en el aire una gran bola inflable con efecto espejo mientras recorren un circuito. La regla que lo complica todo: cuando alguien toca la bola, no puede mover los pies.
Parece sencillo y en un minuto deja de serlo. Hay que avisar rápido, pensar el siguiente pase y confiar en que el compañero va a estar ahí.
Conforme avanzan, los equipos ajustan su estrategia y encuentran su ritmo. Y las risas salen solas.