Los participantes rotan por una serie de desafíos. En cada uno, algún sentido (vista, oído, tacto, gusto) o la forma de comunicarse se intensifica, se limita o desaparece.
Sin las referencias de siempre, el equipo tiene que cambiar su manera de trabajar: explicar con más intención y confiar en el otro para interpretar lo que pasa y completar la tarea.
Cada reto deja una perspectiva nueva. Al final, una reflexión facilitada junta lo aprendido.