Cada equipo recibe un Menú de desafío con una colección de tareas creativas, mentales y activas. Nadie les dice por dónde empezar: ellos deciden qué retos toman y en qué orden.
El objetivo es sumar más puntos que la oposición, así que hay que repartir fuerzas, elegir bien y moverse rápido.
Como la actividad la dirigen los propios participantes, todo el mundo termina metido. Y la energía se contagia de un equipo a otro.