Cada equipo recibe las reglas del juego y una caja de botellas con aromas. Con eso huelen y prueban los whiskys para identificar cada muestra.
Antes de entregar sus respuestas tienen que llegar a una decisión de grupo. Ahí sale la persuasión: quien está seguro tiene que convencer a los demás, con argumentos y con lenguaje corporal.
Se cuentan los resultados y se revela al equipo ganador. Es una actividad de networking relajada, con risas y mucha conversación.